
COLECCIÓN GENERAL. (Nº 7)
ISBN: 978-84938732-2-6 D. L. MA-1046-2012
Número de páginas: 164
Los cuadros de costumbres tienen el riesgo de sus dos caras. De una parte, la realidad vivida; de otra, su transcripción. Cierto que la visión directa da una impresión de realidad que nos atrae y nos gana: es la faz de la moneda, pero el sello salta cuando se quiere remendar el habla para conseguir precisión. Yo no estoy de acuerdo, porque no se logra sino una copia harto infiel y no pocas inexactitudes.
De este libro me quedo con lo que el autor ha visto y con lo que sabe. Que no es poco. Tenemos unos cuadros narrados con vigor y con precisión. He caminado las mismas trochas que José Luis Navas y sé lo que era la diabla para llegar a Comares y la fonda en la que me proponían compartir cama unos desgranadores de maíz. A mis protestas contestaron: “¡Si aún no hace una semana que cambiamos las sábanas!”. Pueblos que hace cuarenta años eran broncos y con pocos remilgos líricos. Allí me recitaban lo de “En Comares, cuatro huevos son dos pares” o “En Alfarnatejo, tocan a misa con un alpargate”. El dialectólogo que no practicaba los remilgos poéticos empezaba a dudar de Volkgeist y su capacidad para crear un mundo desasido. Pero posiblemente era culpa suya, del dialectólogo, por no ser muy dado a los gorgoritos. Claro que José Luis Navas no me deja en mal lugar transcribiendo lo de
| Señor duque de Valencia, el cielo se ha puesto azul, permita Dios que se lleve de los Baños, la salud. |
Creo que el autor de estos relatos ha enriquecido mucho lo que la realidad le brinda. Y lo ha enriquecido porque tiene garbo y humor, aptitudes que podrían acercarlo a alguna cofradía de dialectólogos. (A alguna, porque también las hay que vaya). Todo lo que nos cuenta es cierto y no me extraña. ¡Tantas Ajarquías he caminado por estas tierras nuestras! Al final de Las pupilas de Moclinejo cuenta una anécdota que resulta conmovedora. Al parecer, Fernando el Católico (¿no será el Señor Santiago?) aparece en el escudo de Vélez-Málaga haciendo la cesárea a un moro, eso sí “con lanceta limpia”, lo que es muy de alabar. Lo malo no es lo que hace quinientos años ocurriera (y habría que leer no poca historia que algunos ediles se empeñan en ignorar), sino la estolidez de los de acá: “Hace poco, un concejal playero, con ardor heráldico reivindicativo, quiso cambiar el motivo y poner los personajes al revés… Pero ya digo, esto sólo fue cosa de concejales… playeros”. Navas tiene buen juicio y deja los blasones en su sitio. Esto me hace pensar en Valle Inclán cuando decía que tenemos una faz romana y otra berberisca. Don Ramón María se quedaba con la romana (y yo que soy mucho menos que él, también), pero algunos ediles se han inventado lo de Axarquía (perdón, mi querido Navas) y nos van imponiendo una fonética gringuizante más falsa que la palabra de Judas. Axarquía nunca fue ni Aksarquía ni Asarquía, sino una palabra cuya x era como la sh del inglés actual o la ch del francés. Pues bien, cuando la evolucionó el español, allá por el siglo XVI en adelante, la x se pronunciaba j. Y dixo, traxo o aduxo fueron dijo, trajo y adujo, lo mismo que Oaxaca, Texas o México se pronunciaron, y siguen pronunciándose por todas, a pesar de las grafías, Oajaca, Tejas o Méjico, y hasta nos vestimos con pantalones tejanos y no texanos (¡Que pena!). Y lo mismo pasó con los arabismos: atarxea fue atarjea “caja de ladrillos para cañería”; atauxía fue ataujía “obra hecha con metales embutidos unos con otros”; daxixa fue alejija “puches”; farxiya fue alfarje “techo de madera labrada”; haxu fue alfajor; mafaux fue almofrej “funda de la cama” y así hasta el aburrimiento. Lo malo es que eso ediles berberiscos a lo mejor se niegan a aprender árabe y se conforman con embutirse el turbante y la chilaba. (Las babuchas no, que por aquí hay muchos chinos, sin coleta, claro).
INTERVENCIÓN DEL AUTOR
Me quedo con estos relatos de José Luis Navas. Bien escrito, divertidos, veraces, salvo en eso de la Axarquía, pero estoy seguro que no me hará caso. Lo malo será que a otro moriscante le dé por decir Alfarnatexo (que, a pesar de todo, también valdría). Dios nos libre de munícipes con ideas propias. Y Dios salve y a mí por haber hecho un poquitillo de historia de español. (Pero no me estaría mal, por no ganar a pedante al que inventó la desdicha de la Aksarquía).
ACTO COMPLETO DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO
(Peña Flamenca Niño de Vélez)
