
AUTOR: SALVADOR GUTIÉRREZ JIMÉNEZ
COLECCIÓN REFLEXIONES (Nº 5)
ISBN: 978-84-948637-0-7 D. L. MA 606-2018
Número de páginas: 224
PROLOGO DEL LIBRO
Me parece pertinente señalar, desde la primera línea, que hay reflexión verdadera, intensa y de altura en este libro que está, además, estupendamente escrito.
Quiero dejar expresa mi opinión desde el principio (así: en frase exenta y con punto y aparte), antes de que quien leyere (antigua fórmula de envío que ahora, por aquello de las cuestiones de lengua y género, bien pudiera ponerse de moda, aunque no creo) decida, tal vez, abandonar estas palabras previas —y prescindibles, probablemente como todo prólogo— para ir a la sustancia: el libro que sigue; un libro en cuyo tercer apartado —«Otros escritos»— encontramos una sección titulada «Romper el silencio» que supone una honda reflexión sobre el decir (oral u escrito), sobre la palabra, sobre el alcance de su valor (situada como está, la palabra, entre el silencio, el sonido y ese elemento distorsionador —y socialmente tan activo— que es el ruido). O sea, hablamos de lenguaje: la facultad que más radicalmente define al ser humano. Permítanme una larga cita de algunos fragmentos de esa sección:
«Después de la vergüenza ajena que se pasa viendo y leyendo la cháchara y la verborrea que se desparrama como un vómito por las redes sociales […], lo mejor sería refugiarse en la cueva del silencio […
]. Llevo años sin romper el silencio. No solo por imposibilidad real, física y psicológica (el bloqueo que en el lenguaje producen la timidez y la duda excesiva), sino como imposibilidad de entrar y permanecer, sin agorafobia, en la plaza pública […]. Quizá para romper el silencio, para pasar a la palabra, sin traumas, haya dado el primer paso: reconocer públicamente mi forzado silencio, mi imposibilidad de comenzar a hablar […]. Quizá, de esa manera, el muro entre el silencio y el habla vaya desapareciendo despacio y amablemente. [Decir] y se hizo el sonido […], también es decir y se hizo el silencio. Porque sonido y silencio se encuentran en el desierto/plaza pública donde mana la cordura, la sensatez, el bien común, la empatía y en donde habita el espíritu de la unidad. Allí donde habita lo uno (y el uno más), el silencio y el sonido se hacen caras de una misma moneda».
En estas palabras tenemos no solo el título, sino también parte esencial del sentido de este libro en el que Salvador Gutiérrez reúne una serie de textos que basculan entre un decir orientado hacia el exterior (hacia la plaza pública) y un decir replegado hacia el interior (hacia lo íntimo de un yo que trata de pensarse, de situarse en relación con el mundo): basculación que se resuelve, textualmente, entre lo periodístico y lo filosófico, sin que estemos ante una oposición de contrarios porque —en uno y otro caso, según mi criterio— estos textos son clasificables como muestras de luminosa prosa ensayística escrita por un poeta, porque, como sabemos, Salvador Gutiérrez es también poeta: su labor en este campo ha merecido en dos ocasiones el premio de poesía Joaquín Lobato con los libros Definiciones e imitaciones (1999) y Sobre lo hondo (2011).
¿De qué nos hablan estas prosas?, ¿en qué tradición se insertan?, ¿qué punto de vista —literariamente hablando, que es como hablar de estilo— encontramos en ellas?
Por lo general, las citas liminares que acompañan a un texto, tienen un carácter orientativo con respecto al imaginario que ese texto pretende representar. Para una escuela francesa de análisis lingüístico, tales citas no solo orientan, sino que son elementos paratextuales que también forman parte de la obra a la que acompañan. Pues bien, esto se cumple a la perfección en lo referente a las tres citas que Salvador Gutiérrez escoge para encabezar su libro (de una canción de Radio Futura, de Rafael Sánchez Ferlosio y de Antonio Machado); son citas que nos hablan de indeterminación y de duda, citas que apuntan a una deliberada huida de verdades absolutas y de posturas marcadas por la esclerosis de lo inflexible; no son citas traídas como mero aporte erudito o como ornamentación, tienen, por el contrario, un valor sustantivo, por eso, de forma expresa, ese mismo planteamiento sobre la duda y lo cierto aparece en numerosos momentos de este libro; he aquí tres ejemplos, pero podrían ser muchos más: «Cada día tengo menos certezas, menos cosas seguras […]. Cada día soy más de la cofradía del solo sé que no sé nada», «creo que […] el intelectual es el que tiene dudas y preguntas para todo», «ya nadie siente la más mínima vergüenza en expresar aquello que piensa. Ya no hay dudas, ni en el decir ni en lo que se dice. Este es un mundo de gente que no duda. Ya nadie se piensa las cosas dos veces. Pero yo dudo».
Es decir, se sitúa el autor de estos textos en la línea de una tradición clásica que nos habla de la duda como principio del conocimiento, de la sabiduría y de la búsqueda de la verdad: un punto de vista que, remontando desde la Ilustración, entronca con Feijoo, Voltaire, Pascal, Descartes, Galileo, Montaigne… y, en última instancia, con Aristóteles y Sócrates. Creo que esta es la base (y la genealogía) del horizonte intelectual de este libro que, ética, estética y estilísticamente, defiende, como leemos en uno de los fragmentos de «En los márgenes de la confesión», «la libertad, el individualismo, la originalidad, la indisciplina del romántico, pero con el comedimiento del clásico»; esto es: lo que en el título de este prólogo he llamado «serenidad incisiva».
Esa serenidad incisiva está presente en las tres partes en que el libro se estructura: la primera de ellas, recoge 46 artículos periodísticos pertenecientes a diversas series (Especialista en Generalidades, El Canto del Gallo, Zapping, Vidas de Bolsillo) que, casi en su integridad —salvo en el caso de la última mencionada, hasta ahora inédita—, se habían ido publicando, entre el año 2000 y el 2017, en distintos medios (Columna radiofónica de la SER, Diario de la Axarquía, Noticias 24).
Los artículos aparecen agrupados en ocho bloques que se centran en el planteamiento de asuntos relativos al propio género de la escritura periodística o al cuestionamiento de determinados valores en crisis («Cuestión de principios», «Principios en cuestión») o en asuntos relacionados con problemas sociales, políticos y culturales, bien de alcance general («El ruido», «Perdidos en el laberinto») y, en menor medida, de alcance local («Cerca de la Ciudad del Paraíso»).
Claridad expresiva, elegancia en la exposición, ironía, crítica son algunos de los rasgos de estilo de estos artículos que, de forma expresa, se insertan en la tradición de un modelo: Manuel Alcántara, por quien, en más de un pasaje, pone el autor de manifiesto su admiración.
Las partes segunda y tercera del libro («Anotaciones en los márgenes» y «Otros escritos») están en la línea de la deriva filosófica de la que hablé más arriba. En ambos casos, la concepción del texto corresponde a lo que expresa la cita que se incluye de Fernando Pessoa: «Lo que realmente sobrevive de todos nosotros —artistas grandes o pequeños— son fragmentos»; y, así, es la fragmentación, la brevedad, lo conciso —a veces, incluso, con carácter aforístico— lo que determina la forma de resolución y ordenación textual de estos dos apartados, lo cual les confiere un aire, y un carácter, de indudable modernidad: Nietzsche, Wittgenstein, Zambrano, Gómez de la Serna, Wallace Stevens, Italo Calvino son filósofos y escritores no ajenos a esas formulaciones expresivas.
Desde mi punto de vista, es en los textos fragmentarios de estas estas dos partes —algunos de los cuales pueden ser considerados como microrrelatos— en los que se alcanza un mayor calado. La reflexión sobre el pensamiento, el periodismo, la política, la literatura, el arte, el propio yo (lo íntimo, la confesión), la palabra y el silencio, la fascinación por Lisboa («Delirios de Portugal», denominación muy zambraniana, aunque con Pessoa como guía) alcanza, en ocasiones, momentos no ya de gran intensidad, sino también de indudable brillantez: tal, por ejemplo, la extraordinaria reflexión sobre los aforismos en la sección «En los límites del pensamiento» o el fragmento sobre la duda que cierra esa misma sección.
Concluye el libro con un epílogo que, en la línea de la brevedad, consta solo de una cita tomada de la última novela de Enrique Vila-Matas, Mac y su contratiempo (2017). El fragmento seleccionado es toda una síntesis de lo que Y se hizo el sonido representa en cuanto a unidad y multiplicidad, en cuanto a conocimiento a través de «trazos inciertos», en cuanto al pausado proceso de construcción no solo de «una figura humana», sino también de una forma de entender el mundo: el mundo que, en este libro, se expresa con serena claridad clásica, pero que, a la vez, ahonda, incisivamente, para indagar en los cimientos del edificio. No se nos muestra, pues, solo lo claro de la superficie, sino también las sombras de lo abisal.
Francisco Ruiz Noguera
ACTO DE PRESENTACION DEL LIBRO
(CASA CERVANTES. Vélez-Málaga)
