LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS DE VÉLEZ-MÁLAGA

[DOS EDICIONES: 1999 y 2018]

La Sociedad Económica de Amigos del País de Vélez-Málaga, fundada en 1783, fue una de las primeras instituciones de este tipo, entre las muchas que fueron creadas a lo largo y ancho de España, durante el reinado de Carlos III. De las 108 sociedades que se formaron, la de Vélez-Málaga fue la primera en constituirse en la provincia de Málaga, la sexta de Andalucía y la trigésimo octava en España. Fueron sus objetivos “enseñar, ocupar y socorrer” y tuvo por socios fundadores a destacados miembros de la nobleza (condes de Campomanes, Floridablanca y Gausa…), numerosos clérigos (Arzobispo de Granada, Obispo de Málaga…), labradores, militares de alta graduación, y algunos consejeros reales como, el natural de la Axarquía, don José de Gálvez.

Se distinguen tres periodos claramente diferenciados en la vida de la Sociedad: el ilustrado (1783-1793), el de las calamidades (1800-1808) y el liberal (1820-1822).

Entre las obras de la Sociedad hay que destacar la emisión de variados informes y memorias sobre asuntos económicos, la convocatoria de premios a labradores y artesanos, la creación de escuelas e industrias, y, sobre todo, el esfuerzo de transformación de una sociedad que se encontraba, en la segunda mitad del siglo XVIII, en una clara postración cultural, con serios problemas de aislamiento por las deficientes comunicaciones, y de estructuras rutinarias por la mentalidad dominante que era propensa a la inercia y a la tibieza…  El principal éxito de los Amigos del País fue trasladarle a esa sociedad veleña, de cortas ambiciones y arcaísmo en sus esquemas, los aires frescos de las ideas liberales y la modernidad.

PRÓLOGO DE LA 1ª EDICIÓN:

Francisco Montoro Fernández, autor de este libro, es un prolífico historiador y excelente docente. Reunir ambas áreas, hacen del mismo un ser de los que estamos tan necesitados para las tan descuidadas Humanidades. Si a este mérito sumamos el de haber sacado tiempo para dar a la estampa una docena de libros sobre materias de su doble vocación, amén de ciento setenta y ocho artículos en revistas y periódicos, entenderán el epíteto de prolífico, pues vieron la luz entre abril de 1974 y octubre de 1998.

Aunque el que hoy presentamos ocupe el número trece de sus libros, no deben preocuparse los supersticiosos, pues el referente a la Económica de Vélez Málaga ocupa en el orden cronológico el quinto, y según la terminología taurina no hubo nunca Aquinto malo». Volveremos sobre el mismo. Respecto a su publicística, por lo que toca a artículos, en su casi totalidad son temas veleños y sobre la Axarquía. Pienso que un reposo le permitiría redactar una historia de Vélez-Málaga y su región desde la prehistoria a la actualidad.

Presentado el autor, su personalidad y obra, me ofrece la oportunidad de explicar el por qué éste es el quinto y no el decimotercero. Y me alegra su relectura, pues, al acabarla, me ha rejuvenecido, ya que en 1983, siendo yo catedrático de Historia Moderna de la UNED, me cupo el honor de dirigirle esta su tesina o, más propiamente, su Memoria de licenciatura, calificada con la máxima nota.

El tema del libro fue factible gracias a que Montoro tenía localizadas las actas de los períodos en que la Sociedad Patriótica estuvo viva, veinte años de los cuarenta y uno que van de 1783 a 1823. Tema el de las Sociedades Económicas de Amigos del País siempre incitante, sobre el que ya hace años llamó la atención Gonzalo Anes y tema esencial en sus estudios del matrimonio Demerson. Su interés: reforma, modernización e Ilustración son la esencia programática de las mismas. Una valoración global, sobre la que discrepan autorizados historiadores, es merecedora de una monografía sobre sus aciertos y sus tachas.

La veleña encierra interés por sus especiales condiciones de periférica, predominio agrícola de productos mediterráneos exportables procedentes de sus viñedos, Acaña dulce@ y olivares, amén de residencia de una Capitanía General.

Como quiera que prologar no da derecho a desvelar, me reduciré a unas simples reflexiones sobre el contenido del volumen y quizá alguna referencia sobre las muchas curiosidades que encierra

En primer lugar, la discontinuidad de la institución y el carácter diferente de cada uno de sus tres períodos. 1783-1793, presidido por los ideales ilustrados estructurados para ellas por Campomanes. Hubo más proyectos y discusiones que realidades. La causa, una generalizada, Alas carencias financieras@. Fenómeno éste de larga duración -diríamos- que acompañó a la veleña, como a tantas hasta su muerte.

1800-1808 en que su papel se reduce más a prestar ayuda y colaboración a Vélez-Málaga en el período más crítico de su historia, por la acumulación de desastres.

1820-1823 renace con más ínfulas de ideología política, liberal y constitucionalista, que de tipo económico-social. El absolutismo triunfante enterró definitivamente a la Patriótica.

De las tres etapas, dos personalidades merecen especial mención: Frey Ignacio de Liaño y Córdoba y don Esteban José de Alba y Ortega.

Liaño es el militar que acaba de burócrata al servicio de la Capitanía General de la Costa de Granada. Ilustrado a marcha martillo, conocido y admirador de Campomanes. Es el padre de la idea y primer director de la Sociedad Patriótica. En el Plan de su propuesta figuran una serie de originales iniciativas financieras que, de haber merecido el visto bueno del Consejo de Castilla y la Matritense, quizás hubieran permitido un desarrollo de la misma; punto flaco generalizado en la mayoría, por no decir la totalidad. Los personalismos le costaron la dirección, dándole nueva ocasión en 1800 al resurgir de la obra por él fundada.

El presbítero Alba y Ortega es un instruido y luchador sacerdote, lleno de furor liberal y amante de la Constitución de 1812, que dirigirá la Patriótica durante el Trienio Liberal. Por tanto hasta su desaparición.

Otro acierto de la propuesta de Liaño fue sintetizar la misión futura de la Sociedad en tres principios básicos: Aenseñar, ocupar y socorrer@.  Tanto que el fiscal los incluyó con alegoría e impresión en su escudo.

Por lo que toca a la estructura social de la Patriótica, a lo largo de sus etapas, fue significativa la preeminencia de los labradores y el clero. Un poco por debajo de éstos figuran los profesionales de las armas, explicable por residir, en población de unas diez mil almas, toda una Capitanía General. Llama, sin embargo, la atención la escasa representatividad de la burguesía mercantil, a pesar del puerto y un incipiente proceso de industrialización: treinta almazaras, tres destilerías, fábrica de sombreros, etc. Sin embargo, los ingenios y trapiches se han reducido a dos, pues, cuando abundaron, esquilmaron de tal forma la riqueza forestal, que supuso carestía de la fuente de energía, con pérdida de competitividad.

Respecto a enseñar, lo más positivo de la primera etapa fue la Casa-Escuela de Hilanderas, que, a pesar de sus vicisitudes, cambios de domicilios, carencias, etc., hubo años en que aprendieron su oficio, entre internas huérfanas y externas, cuarenta muchachas.

Por lo demás , en todas sus etapas tratan de fomentar la educación, el dibujo, las matemáticas, etc. Pero no bajo su dependencia, sino sugiriendo su necesidad y recibiendo su apoyo, mediante premios, etc. En los años ilustrados fomentan la instalación de escuelas de dibujo, primeras letras y la cátedra de latinidad. En la calamitosa, como en la liberal, es la enseñanza primaria lo que procuran fomentar.

En cuanto a ocupar, o sea proporcionar trabajo, amén de los nuevos cultivos, y memorias para mejoras de sus productos, como era usual entre los Amigos del País, sus resultados fueron mediocres salvo en la plantación de moreras. De éxito podemos calificar la AFábrica de labores de esparto@, por la abundante demanda, pues llegaron a trabajar en la misma 434 personas de ambos sexos. El hallazgo de la mina de carbón de piedra en Arenas del Rey, dio lugar a más memorias, planes, propuestas y estudios, que a la explotación de la misma, con lo que hubieran gozado los veleños de la fuente de energía que tanto necesitaban.

Las gestiones para construir un muelle en el Puerto de la Torre, o mejorar las infraestructuras viarias, reducidas a caminos de herraduras, y un largo etc., no obtuvieron respuesta positiva.

Fueron muchos los Asocorros» prestados por la Económica de Vélez-Málaga. El periodo en que pusieron sus socios más empeño fue el intermedio, a causa del cúmulo de desgracias desencadenadas sobre la ciudad durante el primer quinquenio del siglo XIX: tormentas, plagas, contagios, terremotos y, sobre todo, la fiebre amarilla que causó pérdida demográfica de hasta el 40 % de la población. La mejor realidad fue lograr la instalación de la ACasa de Misericordia@ para expósitos y huérfanos. La Patriótica Liberal mostró su interés y presta atención a los pobres presos en la cárcel.

El gran mal, que llevó al desánimo a los socios de nuestra institución, fue la carencia de medios que esterilizaba los proyectos. Quizá la muestra más significativa nos la da el autor al evaluar la primera etapa, dado que el valor de las irregulares aportaciones mediante libramientos del Comisario General de la Cruzada supera el 60 % de los ingresos totales. Carencias complicadas con los acontecimientos políticos explican cómo en los períodos 1793-1800 y 1808-1820, la Patriótica, como las aguas del Guadiana, desaparezca.

Sin embargo, la semilla que sembró mediante la difusión de los ideales y métodos Ilustrados, la afición a la lectura, a las memorias, al debate y al trabajo, en otras palabras, a la modernización, aunque no alcanzara más allá de un sector minoritario, pero influyente, que formaban parte de Vélez-Málaga y la Axarquía, como comarca que capitaneaba, marcó un signo positivo en un cambio de mentalidad, como lo prueba el entusiasmo con que fueron recibidos los principios liberales en 1820.

Creo que debemos quedar, y aún más los veleños, agradecidos a Francisco Montoro por esta decimotercera entrega. Libro que, curiosamente, escrito entre 1982 y el siguiente, se mantiene con toda su frescura, a pesar del lapso transcurrido.

                                   DR. ANTONIO DE BEHENCOURT MASSIEU

                          (Las Palmas de Gran Canaria, 23 de marzo de 1999)